No sé si será mejor esperar a que decantes un libro que te conmovió fuertemente para escribir algo como esto, o escribirlo en el momento exacto que te sientes así. Terminé esta mañana este libro de la periodista, escritora española Rosa Montero. Es un libro muy corto, que leí sólo en dos días, muy enganchada pero de una manera que parecía muy "racional". Rosa se dedicó a estudiar las biografías escritas de Marie Curie, incluida la de su hija menor, zambullida totalmente no sólo en los logros de esta mujer, sino en sus desafíos, sus angustias, sus luchas. Luego de eso escribe este libro a manera de ensayo, o qué se yo (no es muy claro el estilo narrativo del libro). Nos va contando sobre Marie, va registrando citas, cartas, anécdotas, datos al tiempo que va reflexionando sobre... la vida (aunque a primera vista parece que habla de la muerte).
Yo estaba muy interesada en la lectura, no sabía absolutamente nada de Marie Curie, ¡apenas que existió! (mea culpa, qué ignorante, pero en parte tiendo a culpar al sistema educativo que no se interesó por contarme de ella). Me parecían hermosas las reflexiones, interesantísimo todo lo que leía pero hasta ahí llegaba mi experiencia. No sentía removida ninguna fibra importante en mi interior, y, como viene sucediendo de vez en cuando y de cuando en vez, el sentimiento cambió.
Llegué a la última parte del libro, como digo es muy corto, aproximadamente en la página 130 va llegando al final de la vida de Marie y finalizo ese capítulo. De repente me agarran unas ganas de llorar que ni sabía por qué. Era como si el pequeño peso de una gran vida ajena me hubiera caído encima. Todas las tristezas, los duelos, las alegrías, los detalles, los amores, las humillaciones, las luchas (ni que mirando la cara de semejante mujer tan fría se asumieran todas esos torrentes de sentimiento en su vida), ¡los triunfos! y finalmente la muerte cayeran sobre mí y fueran un poco míos. No lo son, ni más faltaba. Pero esa es la maravilla de la lectura, me dio el poder de hacer un poco mío el sentimiento. Y ahí estaba, profundamente conmovida. Por todo. Porque ver una vida en 130 páginas hace que parezca muy reducida pero todo lo importante está metido. Es demasiado. Toda una vida en 130 páginas. Y qué vida, Marie. Sólo dos premios Nobel en ciencias, en su época, siendo mujer, siendo huérfana, siendo polaca (cuando Polonia ni siquiera existía, estaba colonizada y dividida entre varios), siendo tan increíblemente racional pero en últimas tan irremediablemente pasional, dos amores completamente fallidos y un tercer amor hermoso (e imperfecto, como todo) en Pierre pero arrebatado lo que se pensaría "prematuramente" de sus manos. Mucha vida. Hay que aprender a procesar tal cantidad de información para no agobiarse con ella. Sobretodo cuando a tí mismo te van pasando los años y es tu propia vida la que ves en retrospectiva, en flashbacks cortos, recordando lo que fueron explosiones de alegría, o tristeza, o pena, o trauma (emocional o físico), preguntándote cuánto más te será permitido vivir.
Mucha información. Necesitamos aprender a procesarla, aprender a recordarla sin recoger de ella miles de cargos de consciencia por lo que fue o no fue, sin tanto resentimiento, sin tanto odio. Permitir que tu propia vida se decante hacia algo más benigno, más hermoso. Algo de lo que se pueda sentir orgullo, plenitud, bienestar y permita pasar a un estado más contemplativo, más tranquilo. Ahora, si ese estado contemplativo y tranquilo se consigue a media vida cuando la acción está en pleno furor ¡enhorabuena! vuélvete una persona sabia y sigue viviendo. Tolerando buenamente tu propia estupidez y la del resto de la humanidad, luchando por ser una mejor persona cada vez. Encontrando tu lugar en el mundo, qué aportar.


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