lunes, 12 de marzo de 2018

"La ridícula idea de no volver a verte" y Marie Curie

No sé si será mejor esperar a que decantes un libro que te conmovió fuertemente para escribir algo como esto, o escribirlo en el momento exacto que te sientes así. Terminé esta mañana este libro de la periodista, escritora española Rosa Montero. Es un libro muy corto, que leí sólo en dos días, muy enganchada pero de una manera que parecía muy "racional". Rosa se dedicó a estudiar las biografías escritas de Marie Curie, incluida la de su hija menor, zambullida totalmente no sólo en los logros de esta mujer, sino en sus desafíos, sus angustias, sus luchas. Luego de eso escribe este libro a manera de ensayo, o qué se yo (no es muy claro el estilo narrativo del libro). Nos va contando sobre Marie, va registrando citas, cartas, anécdotas, datos al tiempo que va reflexionando sobre... la vida (aunque a primera vista parece que habla de la muerte). 






Yo estaba muy interesada en la lectura, no sabía absolutamente nada de Marie Curie, ¡apenas que existió! (mea culpa, qué ignorante, pero en parte tiendo a culpar al sistema educativo que no se interesó por contarme de ella). Me parecían hermosas las reflexiones, interesantísimo todo lo que leía pero hasta ahí llegaba mi experiencia. No sentía removida ninguna fibra importante en mi interior, y, como viene sucediendo de vez en cuando y de cuando en vez, el sentimiento cambió.




Llegué a la última parte del libro, como digo es muy corto, aproximadamente en la página 130 va llegando al final de la vida de Marie y finalizo ese capítulo. De repente me agarran unas ganas de llorar que ni sabía por qué. Era como si el pequeño peso de una gran vida ajena me hubiera caído encima. Todas las tristezas, los duelos, las alegrías, los detalles, los amores, las humillaciones, las luchas (ni que mirando la cara de semejante mujer tan fría se asumieran todas esos torrentes de sentimiento en su vida), ¡los triunfos! y finalmente la muerte cayeran sobre mí y fueran un poco míos. No lo son, ni más faltaba. Pero esa es la maravilla de la lectura, me dio el poder de hacer un poco mío el sentimiento. Y ahí estaba, profundamente conmovida. Por todo. Porque ver una vida en 130 páginas hace que parezca muy reducida pero todo lo importante está metido. Es demasiado. Toda una vida en 130 páginas. Y qué vida, Marie. Sólo dos premios Nobel en ciencias, en su época, siendo mujer, siendo huérfana, siendo polaca (cuando Polonia ni siquiera existía, estaba colonizada y dividida entre varios), siendo tan increíblemente racional pero en últimas tan irremediablemente pasional, dos amores completamente fallidos y un tercer amor hermoso (e imperfecto, como todo) en Pierre pero arrebatado lo que se pensaría "prematuramente" de sus manos. Mucha vida. Hay que aprender a procesar tal cantidad de información para no agobiarse con ella. Sobretodo cuando a tí mismo te van pasando los años y es tu propia vida la que ves en retrospectiva, en flashbacks cortos, recordando lo que fueron explosiones de alegría, o tristeza, o pena, o trauma (emocional o físico), preguntándote cuánto más te será permitido vivir.



Mucha información. Necesitamos aprender a procesarla, aprender a recordarla sin recoger de ella miles de cargos de consciencia por lo que fue o no fue, sin tanto resentimiento, sin tanto odio. Permitir que tu propia vida se decante hacia algo más benigno, más hermoso. Algo de lo que se pueda sentir orgullo, plenitud, bienestar y permita pasar a un estado más contemplativo, más tranquilo. Ahora, si ese estado contemplativo y tranquilo se consigue a media vida cuando la acción está en pleno furor ¡enhorabuena! vuélvete una persona sabia y sigue viviendo. Tolerando buenamente tu propia estupidez y la del resto de la humanidad, luchando por ser una mejor persona cada vez. Encontrando tu lugar en el mundo, qué aportar.

lunes, 12 de febrero de 2018

El entusiasmo de un niño por un libro



Le leí a mis hijos este libro del mismo autor de Matilda. La verdad, no conocía de su existencia, y debo ser la única persona que en su niñez no disfrutó la adaptación al cine de su novela Matilda. Aparentemente, este autor tiene muchísimos títulos más y entre esos, Charlie y la fábrica de chocolates, James y el melocotón gigante y Las brujas.



Como digo, este libro no fue leído en soledad. Se leyó en voz alta y haciendo mímica y voces a mis hijos, y debo decir que sospecho que nunca los había visto tan entusiasmados por un libro como en esta ocasión.
Lo mejor del libro es la primera parte. Es absolútamente brillante, y podría decir que algo tenebroso, hasta para mí. En esta parte cuentan de manera anecdótica cinco casos de niños que fueron alcanzados por poderes de las brujas, y lo que les sucede a esos niños, ¡qué susto!. Desde esta parte es evidente que el libro derrocha diversión y saca carcajadas nerviosas de los oyentes.



El desarrollo y el final también estuvieron muy bien, y mi recompensa fue enterarme de que mi hijo había empezado a hablar del libro en un trayecto de carro de una hora, y cuando habían llegado al destino seguía hablando de Las brujas. Cualquier libro que logre eso con un par niños de nueve años merece mi reverencia y mi agradecimiento. Gracias, Roald.

domingo, 14 de enero de 2018

Los buenos de Hannah Kent




La lectura del mes de diciembre para el grupo Hijas de Mary Wollstonecraft fue "The Good People" (Los buenos) de la australiana Hannah Kent.

Ella tiene una primera novela publicada, que había escuchado nombrar y llamaba mi atención por el nombre: "Ritos funerarios". Así, se dio la circunstancia de leer la segunda y desde entonces empecé una relación compleja con ese libro.



Con ese libro experimenté lo que es adorar una historia y como hay algún cambio de los personajes y su situación, pensar que ya no te gustó tanto el libro. De hecho, pensé que no me gustaba nada y se había ido directo por el caño. Luego de terminado, seguir reflexionando sobre si está demasiado bueno o si cayó lo más bajo donde caen los libros echados a perder por alguna ocurrencia de quien nos cuenta una buena historia.

Luego de que decanté el libro un par de días pensé que era extraordinario. Y de que el hecho de que sucedieran cosas que yo no deseaba no significaba que la historia y la manera en la que estaba escrita no fuera magistral.

Este libro es sobresaliente porque se siente mágico. Hannah Kent se basó en un suceso real, hizo un proceso investigativo importante sobre Irlanda, su folklore y supersticiones campesinas y de ahí crea una historia de ficción que se desarrolla en 1825.

Lo que hizo para mí esta lectura fue algo que ciertamente NO me sucede con todos los libros. Cada vez que tomaba ese libro era abstraída del mundo real, no de una manera en la que vas  y miras una obra de teatro o vas y observas una buena película. Yo leía y el campo era donde yo vivía. Respiraba el aire irlandés, pisaba el musgo, olía la humedad, ordeñaba la cabra, veía los árboles frondosos en la distancia y con este proceso, me volví una campesina supersticiosa.



En la historia, se afirma que un niño pequeño que padece una enfermedad que afecta su desarrollo, su habla, su marcha, su comportamiento, ha sido "cambiado" por Los Buenos (a falta de mejores explicaciones médicas, para la época). Los Buenos son las hadas, los duendes... una especie de espíritus que no son buenos ni malos sino que conviven ahí en la aldea, siendo invisibles (de los que nos cuidamos, no metiéndonos en su camino). Tratemos de imaginar que estamos convencidos de que el que tenemos en casa ya no es nuestro hijo o nieto sino que el verdadero está en algún lugar donde viven Los Buenos.

Ya uno se dice: "jamás lograría pensar que los duendes se llevaron a nadie", pero ESA es la maestria de Hannah Kent. Primero, meterte de cabeza en la atmósfera, que deja de existir el aire real para volverse aire irlandés, y segundo, convencerte de que ese folklore es real. Wow, es que de recordarlo aún me impresiono.

Han pasado 3 semanas desde que terminé el libro. Y ahora me pasa que me pillo por ratitos extrañando Irlanda. En algún momento pensé volver a cogerlo y releerlo (cosa que casi no hago), pero también he pensado que ahora lo que tengo que hacer es conseguir Ritos funerarios y leerlo.

Ha sido una relación agridulce (no me malinterpreten lo lindo, es una novela con una historia muy oscura). Pero no porque sea malo, sino porque el paquete completo viene acompañado de cosas indeseadas, como la vida, pero vaya que es extraordinario, y vale la pena. Me parece que será de esos inolvidables.